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Ser un papá primerizo: El equilibrio entre el matrimonio y la paternidad

¿Alguna vez has intentado dibujar una forma perfecta sin una plantilla? Ya sea un círculo, un cuadrado o un triángulo, es difícil dibujar cualquier cosa a pulso de manera perfecta. Sin importar nuestra habilidad, experiencia o incluso dedicación, siempre habrá algún grado de error humano.

Cuando mi esposa me sorprendió con la noticia de que estaba embarazada, me emocioné por ser un papá primerizo. También estaba decidido a ser mejor que el estereotipo de padre que, según algunas estadísticas, se convertiría un afroamericano de veintitantos años como yo. Ya sabes, ¿ese tipo que tiene poca paciencia… es irresponsable… o abandona a su familia? Sentía que tenía el amor, la dedicación y el fuerte deseo de trazar un resultado mejor para mi familia.

Así que allí estaba yo, con mi lápiz del «Papá n.º 1», listo para dibujar a pulso la forma de algo que nunca había trazado ni visto de cerca. Lo llamé: equilibrar el matrimonio con el hecho de ser un papá primerizo.

Cuando ser papá primerizo no comienza como esperabas

A los dos meses de embarazo, descubrimos con alegría —pero también con asombro— que tendríamos gemelas. Eso sacudió mi intento de dibujar lo que había planeado para la paternidad. Luego, a mi esposa le diagnosticaron preeclampsia y los médicos se preocuparon por el crecimiento de nuestras bebés. Nos vimos abrumados por ecografías, opiniones diversas y visitas semanales. No todas las citas traían buenas noticias, y nuestras emociones se veían afectadas.

En ese punto, nos sentíamos como en una montaña rusa. Finalmente, los médicos pusieron a mi esposa en reposo absoluto durante un mes, seguido de un mes en el hospital y luego una cesárea para el nacimiento de nuestras niñas a las 30 semanas, coronando todo con una estancia de tres meses en la UCIN (Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales).

Así, de repente, me sumergí en la experiencia de ser un papá primerizo. Estaba listo para desafiar todos los pronósticos estereotipados, pero todo se veía diferente a como lo había imaginado. Una experiencia tan estresante y agotadora puso a prueba nuestra conexión como esposo y esposa, y una entrada tan irregular a la paternidad desafió nuestra confianza como padres. Seguía teniendo el deseo de ser un gran esposo y papá, pero no entendía la mejor manera de dibujar ese cuadro dadas nuestras circunstancias.

Búsqueda de equilibrio

Cuando trajimos a las gemelas a casa por primera vez, me pregunté si mi esposa y yo nos habíamos olvidado el uno del otro, ya que nuestras hijas se convirtieron en el centro de atención. Después de un par de comentarios pasivo-agresivos y expresiones de molestia, me refugié en la creación de una rutina y en la división de roles para manejar mejor el cuidado de las gemelas y el nuestro. Pensé que esto nos ayudaría a tener el sueño que ambos necesitábamos, mejoraría nuestra comunicación y, a cambio, mejoraría nuestra experiencia como una pareja joven casada con gemelas.

Mi esposa estuvo de acuerdo y ayudó a crear una rutina que pudiéramos seguir:

  1. Compartimos un horario sobre quién alimentaría a las gemelas y cuándo.
  2. Hicimos menús semanales para la cena y definimos quién cocinaría cada día.
  3. Programamos quién bañaría a las gemelas cada noche.
  4. Acordamos quién lavaría la ropa, cuándo y con qué frecuencia.
  5. Programamos noches de películas durante las horas en que sabíamos que las bebés estarían dormidas.
  6. Acordamos quién se despertaría cada noche cuando las bebés lloraran.
  7. Nos dimos el uno al otro tiempo ininterrumpido con Dios cada día.

Aunque esto resolvió mucho con las gemelas, fue como poner una curita sobre algo que necesitaba más atención. Había una capa más profunda.

Descubrí que estar organizado no nos da la paciencia perseverante, la amabilidad y el dominio propio necesarios en una temporada tan nueva. Ser organizado ayudó, pero necesitaba que Jesús guiara a mi familia en esta nueva tierra en la que estábamos y que nos proveyera todo lo necesario. Con todos los cambios que habíamos enfrentado, hacía falta más que un horario organizado para hablarle a mi corazón y equilibrar el matrimonio con el ser un papá primerizo.

Entrega de mi mano

Pensé que lo estaba haciendo todo bien. ¡Pensé que Dios estaría orgulloso! Dirigía a mi esposa, teníamos un horario, dividíamos roles y nos comunicábamos. A pesar de todo eso, aún podía sentir la tensión y una persistente falta de paciencia mutua en nuestra capacidad para adaptarnos a esta nueva etapa de la paternidad.

Al reflexionar sobre la dura temporada que acabábamos de pasar con el nacimiento de las niñas, la Palabra de Dios me recordó:

  • Entregar mi mano a Él y mantenerla así esta vez.
  • Comenzar a invitar a Jesús a guiarme mientras guío a mi familia. — Proverbios 3:5, Mateo 6:33
  • Que Jesús me daría las mejores habilidades de comunicación para hacerlo. — Colosenses 4:6
  • Que Jesús es quien mejor me enseña cómo amar y tratar a mi esposa en esta temporada. — Efesios 5:25
  • Que Jesús se encargaría de mis pensamientos ansiosos. — Filipenses 4:6

Nunca seremos cónyuges ni padres perfectos. Jesús es el único que puede proveer todo lo que necesitamos para lograr las grandes cosas que Dios ha planeado para nosotros, incluyendo la fuerza para hacerlo. — Efesios 2:10, Salmo 73:26

Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu,

pero Dios es la fortaleza de mi corazón;

él es mi herencia por siempre.

Salmo 73:26

Recordar todo esto no hizo que el desafío de la temporada desapareciera, pero me abrió los ojos para entender que ningún horario, aplicación o incluso un blog sobre gemelos podría hacer lo que solo Dios puede. Solo Dios puede equilibrar mi matrimonio y mi labor como papá primerizo mientras me rindo a su camino. Todas las demás cosas fuera de Él son simplemente recursos a través de los cuales Él puede operar.

Verdadero Papá n.º 1

Cada vez que mi esposa y yo tomábamos decisiones logísticas como pareja, se las presentábamos a Dios primero, pidiendo los frutos del Espíritu. Mi esposa añadió que le pidiéramos a Dios que nos hablara de formas que no pudiéramos ignorar, para saber que era Él quien hablaba.

Después de todo, Dios nos dice que podemos pedir sabiduría, y nos llama a permanecer en Él. — Santiago 1:5, Juan 15:4-5. Permitir que Cristo me guiara mientras yo guiaba a mi familia alimentó la unión de nuestro matrimonio, así como mi paternidad.

Como esposos y padres, rendir verdaderamente todo a Dios al intentar trazar planes para nuestra familia es la única manera de equilibrar el matrimonio con el ser un papá primerizo. Me encanta dibujar con mi lápiz del «Papá n.º 1», pero me gusta aún más cuando el verdadero Papá n.º 1 guía mi mano.


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