Volver a todos los recursos de Desafíos de Ser Padres Bienvenido al club (de padres disfuncionales)

Bienvenido al club (de padres disfuncionales)

Mi hijo de seis años sabe cómo salirse con la suya. Y lamentablemente, yo también.

A lo largo de mis años como padre, he aprendido que mis hijos tienen la asombrosa capacidad de revelar la parte más oscura de mi alma. Cuando estoy tratando de sacar a todos por la puerta para ir a la iglesia, y por quinta vez mi hijo no se ha puesto los zapatos, soy plenamente consciente de mi pecado. Lo siento en mis hombros tensos y en mi mandíbula apretada. Mi disfunción se vuelve demasiado real.

¿Te suena familiar? Bienvenido al club.

La raíz de nuestra disfunción

Como padre, a menudo veo a mis hijos de dos maneras: como una barrera o como un benefactor de lo que deseo en ese momento.

Por ejemplo, mis hijos pueden ser una barrera para una casa limpia. Anhelo una casa que se vea como si nadie viviera en ella. Pero mis hijos dejan sus juguetes y útiles de arte por todas partes. Una casa limpia es un buen deseo, pero cuando ese buen deseo se convierte en una exigencia —un “yo quiero”— entonces mis hijos se convierten en mi enemigo.

Por otro lado, a veces veo a mis hijos como mis benefactores. Anhelo que me vaya bien en el ministerio. Entonces, cuando mis hijos se portan bien en la iglesia, reflejan una buena imagen de mí, y me siento orgulloso. Pero si se portan mal, me hacen quedar mal. De repente, su obediencia se convierte en la clave de mi felicidad. Cuando eso sucede, los he convertido en mis ídolos.

Ya sea que vea a mis hijos como barreras o como benefactores de mis “yo quiero”, ambos son caminos que llevan a la disfunción. En ambos casos, estoy reemplazando a Dios con mis hijos. Ya no estoy mirando a Dios como la fuente de mi plenitud y mi gozo, sino que estoy mirando a mis hijos.

Y cuando mis ídolos no cumplen, reacciono de dos maneras principales: con enojo o con evasión.

Nuestra reacción: Enojo o Evasión

Cuando mis hijos no me dan lo que quiero, mi reacción instintiva es el enojo. Me enfurezco. Les ladro a mis hijos, los agarro bruscamente del brazo, les doy miradas de desprecio o me quejo de ellos con mi esposa. Y aunque puedo ser un maestro en disfrazar mi enojo para que se vea justo, no nos engañemos; estoy pecando contra Dios y contra mis hijos.

Otras veces reacciono con evasión. Cuando mis hijos no me dan la vida tranquila y cómoda que anhelo, simplemente me desconecto. En lugar de interactuar con ellos, agarro mi teléfono y navego sin pensar por las redes sociales. Mientras tanto, mis hijos están desesperados por mi atención. He descubierto que la evasión es tan destructiva para sus almas como mi enojo.

Entonces, ¿qué hacemos? ¿Estamos los padres disfuncionales condenados a criar hijos disfuncionales?

La esperanza para padres disfuncionales

Si la esperanza para mis hijos dependiera de que yo fuera un padre perfecto, entonces estaríamos en serios problemas. Pero gracias a Dios, ese no es el caso. Nuestra esperanza como padres no está en nuestra capacidad para criar hijos perfectos, sino en nuestra disposición a volvernos al Padre perfecto. Aquí tienes tres maneras de hacer eso.

1. Comienza cada día con una súplica de auxilio. Antes de que tus pies toquen el suelo cada mañana, tómate un momento para orar: “Señor, no puedo hacer esto sin Ti. Ayúdame a amarte a Ti y a mis hijos más que a mis propios deseos egoístas”.

2. Sé el primero en arrepentirte. La pregunta no es si vas a pecar contra tus hijos, sino cuándo. Y cuando lo hagas, humíllate, míralos a los ojos y di: “Lo siento. Papá se equivocó. ¿Me perdonas?”. No tienes idea de cuán sanadoras pueden ser esas palabras para el corazón de tu hijo.

3. Muestra a tus hijos el evangelio. Cuando te arrepientes ante tus hijos, estás haciendo algo más que simplemente modelar el perdón. Les estás mostrando su propia necesidad de un Salvador. Si papá y mamá, que son tan grandes y fuertes, necesitan a Jesús, entonces tal vez yo también lo necesite.

Confía en el proceso. Cada vez que pecas contra tus hijos, tienes una nueva oportunidad de mostrarles el evangelio. No desperdicies esas oportunidades.


Copyright © 2023 por FamilyLife. Todos los derechos reservados.