Eva: La Madre de Todas las Madres
La misteriosa Eva, la primera mujer. ¿Quién era? ¿Cómo era? Incluso los científicos seculares reconocen la existencia de una Eva mitocondrial, la antepasada de la que descienden todos los seres vivos. Los secretos del ADN revelan la verdad que la Biblia ha proclamado desde hace mucho tiempo.
Dios creó a Adán y luego lo puso a dormir para poder crear a Eva de su costilla. Fueron creados en perfecta armonía el uno para el otro.
¿Cómo fue la vida de Eva?
Intento imaginar cómo sería ser creada como una mujer adulta sin instrucciones sobre cómo ser mujer ni cómo comportarse. Eva no tuvo una madre que la enseñara, pero sí caminó con Dios mismo.
También tuvo al hombre perfecto, aunque el único hombre. Caminó en el jardín con Dios en un paraíso perfecto. No experimentó ninguna de las tensiones que enfrentamos hoy, hasta que desobedeció a Dios. Ella comió del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, y Adán se unió a ella sin protestar. Esa decisión los separó de Dios y los expulsó del Jardín del Edén.
De repente, la vida de Adán y Eva se volvió increíblemente difícil. Adán debía trabajar la tierra, llena de espinos y cardos, y solo comía con el sudor de su frente. Para Eva, tener hijos le traería fuertes dolores de parto. En lugar de conversaciones cara a cara con Dios, había distancia entre el hombre y Dios. Sus hijos nos dan el primer registro de una amarga disputa entre hermanos que terminó con el asesinato de Abel por parte de Caín. No hay indicios de que la vida de Eva se volviera más fácil tras el golpe de perder a su hijo.
Las últimas palabras registradas que tenemos de Eva son después de dar a luz: «Con la ayuda del Señor he dado a luz un hombre» (Génesis 4:1). Dios quiere que recordemos que ella aún clamaba a Él pidiendo ayuda después de que su pecado la separara. Nunca olvidó al Dios con quien caminaba en la frescura del atardecer.
Cuando fallamos
Quizás tu madre no fue exactamente lo que toda niña sueña. Quizás estuvo ausente, o presente físicamente, pero incapaz de cuidar a sus hijos. No todas tienen una madre que sepa qué decir en el momento preciso o que les prepare notas conmovedoras en el almuerzo. Algunas madres pueden ser muy críticas o perder el control de su ira y sus emociones.
A menudo desearía que mis hijos no hubieran recibido una dosis tan grande de mi pecado. Lamento que mis hijos fueran observadores tan cercanos de los pecados que me obstaculizaron en tantas ocasiones. Como madres, nadie siente nuestros fracasos tanto como nuestros propios hijos.
Cuando una madre falla, su pecado no solo la afecta a ella, sino a toda la familia. Piensa en Eva: ¿Cuántas veces la hemos culpado por caer en el pecado y arrastrarnos con ella?
Es un privilegio maravilloso ser madre, pero la responsabilidad es enorme. Pocas de nosotras podemos confundirnos con el ideal bíblico de virtud y sabiduría que se encuentra en la mujer de Proverbios 31. Debemos dar a otras madres la gracia que también necesitamos desesperadamente.
Mi propia historia
Mi madre pasó la mayor parte de su infancia en un orfanato. Su madre, sin duda, estuvo ausente. Aun así, mamá fue una buena madre, amable y compasiva.
Me alegra mucho que mi madre me quisiera tanto, pero había cosas que extrañaba. Dios proveyó a muchas otras mujeres en mi vida que pudieron llenar esos vacíos.
Mis tías paternas tenían cada una sus propios dones, que compartieron conmigo. La tía Brenda me ayudó a aprender a conducir. La tía Ann me escuchaba con atención, enseñándome a salir de mi realidad para escuchar la de los demás. La tía Margaret me enseñó el arte sureño de servir una cena caliente de domingo a los invitados en media hora de llegar a casa.
Cada una de estas mujeres, y muchas más, son muy importantes para mí. Contaba con ellas y tuvieron la gentileza de salir de sus rutinas para incluirme. Fueron generosas con su maternidad.
Cuidando a los que se encuentran sin mamá
Mi esposo y yo nos adentramos en el mundo de la crianza de acogida con tantas incógnitas. No éramos padres estelares, pero estábamos dispuestos a intentarlo. Ser padre de acogida es una manera increíble de incluir a niños cuyas madres no pueden cuidarlos.
No sabía mucho sobre el pasado de la pequeña hija que acogimos. Solo sabía que cada vez que cerrábamos una puerta, entraba en pánico. Así que aprendimos a mantener las puertas abiertas de par en par. Fue durante la hora del baño que descubrí cuánto le faltaba a esta niña de 7 años en habilidades lingüísticas. No le habían enseñado nombrar las partes de su cuerpo ni a contar los preciosos dedos de sus pies, ¡pero sí sabía reírse!
Me dolía el corazón al pensar en todas las cosas que se perdió esta mamá a quién nunca había conocido. Era fácil enojarse y juzgar sus defectos como madre, pero llenar esos vacíos y criar a la hija de otra persona me trajo más alegría de la que jamás podría haber imaginado.
Somos madres por la gracia de Dios
Agradezco a Dios por mi madre, quien humildemente vivió la maternidad. No me dio mucha de la formación habitual, pero el recuerdo de sus madrugadas bajo una lámpara con una Biblia invocando a su Padre celestial está grabado en mi alma.
Como Eva, mi mamá también invocó a su Padre en medio de su angustia. Al pensar en ella, me recuerdo del perdón misericordioso que recibió al lidiar con las cicatrices de su infancia. Aún tenía suficiente espacio para la gracia. Dicha gracia no proviene de nosotros mismos; debe provenir de Dios mismo.
Algún día nos encontraremos con Eva. Todas caminaremos juntas invocando al Padre, no en la angustia, sino en la frescura de la tarde, cara a cara con Él.
Por Laura Dye
Laura es autora y misionera de FamilyLife, conocida por su compromiso con el fortalecimiento de matrimonios y familias a través de un ministerio centrado en Cristo. Es esposa de Roger, madre de cuatro extraordinarios hijos adultos, suegra de dos nueras igualmente extraordinarias y Lola de cuatro nietos divertidísimos que viven demasiado lejos. Roger y Laura también han tenido la bendición de tener varios hijos de acogida. Actualmente residen en Winnsboro, Carolina del Sur.
Copyright © 2025 FamilyLife. Todos los derechos reservados.